Cámaras en cada rincón y precios por las nubes en un nuevo hotel de los militares cubanos

«De primeras te dicen sí puedes consumir, pero cuando tú les hablas y se dan cuenta de que no eres extranjero, las respuestas cambian»

Hotel Grand Aston La Habana, ubicado en pleno Malecón, entre 1ª y D. (14ymedio)

Los empleados del lujoso hotel Grand Aston La Habana, inaugurado este jueves en pleno Malecón, entre 1ª y D, recibían a los escasos clientes este viernes entre reverencias. «Pase, señora», decía una de las empleadas ofreciendo gel antibacterial, al tiempo que otros dos juntaban las manos y doblaban medio cuerpo al estilo japonés.

Todos ellos se presentaban con su nombre antes de dirigirse a los que entraban, una deferencia inusual en un país donde desde hace mucho es generalizado el tuteo a los desconocidos.

No en vano, el establecimiento se presenta en su sitio web como «un refugio donde puede relajarse y recargar energías, mientras experimenta su glamour». Gracias a la página, se puede saber que la habitación más barata cuesta 179 dólares la noche, las que tienen vistas al mar, 244 y las más lujosas, situadas en los pisos superiores y servicio «VIP» con «desayuno continental mejorado», alcanzan los 282.

De igual manera, la página presume tener «una piscina infinita» cuya vista se funde con el mar, un spa que ofrece » técnicas de curación asiáticas» y un restaurante en el piso 25 desde donde ver la puesta de sol. Nada de esto, sin embargo, puede verlo quien no sea cliente del hotel, a diferencia de lo que sucede en cualquier otro establecimiento de este tipo en el mundo.

«Ay, no, señora, por el momento a la piscina no pueden acceder los clientes externos», argumentaba la recepcionista, tras una llamada a sus superiores, a una clienta que insistía en disfrutar de un desayuno con vistas. «Más adelante creo que sí, manténgase llamando», pedía, al tiempo que la emplazaba a consumir en la terraza, que abrió a las 11 de la mañana.

«Ay, no, señora, por el momento a la piscina no pueden acceder los clientes externos»

«De primeras te dicen sí puedes consumir, pero cuando tú les hablas y se dan cuenta de que no eres extranjero, las respuestas cambian», cuenta a este diario Alberto, un habanero que junto a una amiga probó este viernes el café de la terraza del hotel. «Es un maltrato que no dejen entrar a la piscina», lamentaba.

A este joven le resulta llamativo que, a pesar del gigantesco tamaño del establecimiento, decorado pulcramente en un estilo que recuerda los edificios originales de El Vedado, donde está enclavado, no haya centro comercial. «No sé si quieran separar a los clientes externos, como llaman ellos, que son los que por lo general van a comprar a esas tiendas», ironizaba. «Parece que quieren marcar una distancia con nosotros, los ciudadanos de quinta categoría».

Sí hay, en una esquina del recinto, una sucursal del Banco Financiero Internacional (BFI).

Pero si algo llamó su atención fue la cantidad de cámaras repartidas por todos los rincones. «Es muy incómodo», confiesa. «Te sientes vigilado, acosado. Parece más una unidad militar que un hotel».

En la terraza, los precios hacían justicia al nombre del restaurante: Oro. Si bien un capuchino, por ejemplo, cuesta «tan solo» 143 pesos, el coctel más sencillo, con ron, se paga a 350 pesos, un «submarino helado» está a 520 pesos y otras bebidas elaboradas con vino alcanzan los 620 pesos. El pago ha de ser exclusivamente con tarjeta.

Si se pide de comer, el costo es inasumible. «Croquetas a 500 pesos más el 10 por ciento», cuenta a 14ymedio otra fuente que probó el lugar. «Las llaman en el menú ‘melosas’ y deberían llamarlas ‘asesinas'». Y concluye: «Ni siquiera tienen un jugo natural en la carta, solo diez o doce cosas por las nubes».

Solo cuatro clientes del hotel podían observarse este viernes, todos extranjeros, y de ellos, dos mujeres que, tan solo un día después de inaugurado, ya salían con sus maletas.

Solo cuatro clientes del hotel podían observarse este viernes, todos extranjeros, y de ellos, dos mujeres que, tan solo un día después de inaugurado, ya salían con sus maletas. (14ymedio)

Al igual que ocurrió con el Telégrafo Axel Hotel, y a pesar del bombo con el que fue anunciado en la prensa oficial, el Grand Aston no estuvo listo para abrir sus puertas el pasado 15 de marzo, el día que los mismos empleados indicaron a este diario que abriría, sino dos días después. El martes, varios trabajadores aún daban los últimos retoques al lugar, que no permitía la entrada.

La apertura de este hotel en la capital, con 600 habitaciones y unos precios inalcanzables para los bolsillos nacionales, demuestra que el Grupo de Administración Empresarial S.A. (Gaesa) no ceja en su empeño de aumentar este año la capacidad hotelera, hasta casi 85.000 habitaciones más, un 5,7% más respecto al año anterior, a pesar de que las cifras indican que el turismo en Cuba pasa por una debacle.

El conglomerado militar se ha asociado esta vez con la compañía indonesia Archipiélago International, que tiene otros cuatro alojamientos en la Isla: Aston Panorama en La Habana, Grand Aston Cayo Las Brujas en Cayos de Villa Clara, Aston Costa Verde en Holguín y un gran resort en Varadero.

Dos de ellos, por cierto, el de Varadero y el de Villa Clara, fueron sancionados por EE UU en 2019 por violar las disposiciones del embargo a Cuba.

La empresa asiática promete con el Grand Aston La Habana «una arquitectura de diseño único» y «un estilo de vida moderno». «La vida moderna de otra ciudad, que no sea esta», lamenta Alberto. «Otra ciudad, en otra parte del mundo».

TOMADO DE 14MEDIO

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