Así fragua el régimen cubano un asesinato de reputación: el caso del tuitero Magdiel Jorge Castro

Con la batalla perdida en las redes sociales, el aparato represivo se la juega apostando a difamar sin pruebas.

Magdiel Jorge Castro. M. J. CASTRO / FACEBOOK

El régimen cubano sabe que ha perdido el control en las redes sociales. Por ello, recurre a viejas prácticas para tratar de recuperar terreno: multa, hostiga y persigue a los tuiteros críticos que residen en la Isla y monta campañas de desprestigio contra quienes lo hacen desde el exterior.

Ese es el caso de Magdiel Jorge Castro, un joven tuitero cubano residente en Bolivia contra quien se ha desplegado una intensa campaña de ataques que se inició semanas atrás en publicaciones de Argentina y Bolivia y se ha extendido hasta los medios oficiales de la Isla.

DIARIO DE CUBA conversó con él para tratar de entender las razones de esta arremetida, en la que se le acusa de ser un agente de la derecha boliviana pagado y controlado por la Embajada de EEUU en ese país para atacar al régimen de la Isla.

Según contó Castro, la oleada de ataques en su contra siguió una secuencia curiosa: «En vísperas del 11 de julio de este año el periódico argentino Página12 publica un artículo firmado por Gustavo Veiga que supuestamente desenmascara mis vínculos con la oposición al presidente Luis Arce aquí en Bolivia y con grupos cívicos de Santa Cruz de la Sierra», dice.

«Incluso habla de mi huida de Cuba después del 11 de julio de 2021, dice que trabajo en el Departamento de Salud de la Gobernación en un empleo fantasma donde lo que harían es darme tiempo para atacar al régimen cubano. El artículo está plagado de falsedades», afirma.

El tuitero se dio a la tarea de examinar la identidad del autor del texto en su contra: «Este señor es miembro de la CAPAC, o Club Argentino de Periodistas Amigos de Cuba, una especie de sucursal de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en ese país».

«A raíz de este artículo, han ocurrido una secuencia de acontecimientos interesantes: el primer periódico que reproduce el texto en Bolivia es un semanario llamado La Época, que dirige un exministro del Gobierno de Evo Morales con profundos vínculos con La Habana y que ha escrito para medios oficialistas como Cubadebate. Hay muy poca casualidad acá», afirma.

Castro indica que «a partir de ahí se disemina por varios sitios alternativos de la izquierda en el continente» y encuentra eco en sitios como el YouTube de la policía política de la Isla, Guerrero Cubano. Días después de la publicación del artículo en Argentina, Cubadebate lo reprodujo, e hizo lo mismo poco después con el de La Época. Tras ellos, se activó la red de presuntos influencers al servicio de La Habana en redes. Todos con los mismos argumentos, sin presentar pruebas de sus acusaciones.

«Las razones están claras, el régimen lleva haciéndolo mucho tiempo. Se trata del asesinato de la credibilidad de alguien que expone la realidad a través de sus redes. Lo están haciendo conmigo, pero lo han hecho con activistas, periodistas independientes, opositores. Es la táctica de atacar al mensajero para no responder al mensaje», refiere Castro.

«Buscan desacreditarme al punto de que mis denuncias pierdan credibilidad, bajo el razonamiento de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, o al menos crea la duda de que así sea. Yo solamente utilizo las redes sociales, Twitter, y que se hayan ensañado de esa manera me hace suponer que lo que estoy haciendo lo están leyendo y es una piedra en su zapato».

Pero, ¿por qué se origina el ataque en Argentina? ¿Qué interés podría tener un medio de una geografía tan distante en atacar al tuitero cubano?

«Hay que tener en cuenta que Santa Cruz de la Sierra, donde resido, es el departamento donde el presidente Arce, Evo Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS), partido de izquierda que gobierna el país, tienen la oposición más fuerte. Fue un departamento clave en la salida del poder de Morales en 2019. El gobernador, Luis Fernando Camacho, con el que me quieren vincular, fue líder de las protestas y encabezó el paro cívico», advierte el tuitero cubano.

«Y hay una confrontación entre la izquierda latinoamericana y el departamento de Santa Cruz de la Sierra. No me extraña que apelaran a ese sentimiento para desacreditarme desde periódicos de la misma izquierda en países vecinos, como es el caso de Argentina», subraya.

Aparte de la campaña mediática, Castro ha recibido también mensajes al privado, algo que él califica como «los peligros a los que se enfrenta quien está en las redes». Pero los ataques podrían ir más lejos: «También he recibido intentos de averiguar mi ubicación, amenazas desde números anónimos con la intención de saber dónde vivo».

«Para nadie es un secreto que la Seguridad del Estado cubana tiene vínculos a través de todo el continente, no solo con organizaciones de estos países, sino a través de sus embajadas, que tienen enorme influencia en estos lugares. Sé que pueden hacer lo que quieran. Ellos tienen el poder, yo solamente tengo mi libertad de expresión. No tengo miedo», apunta.

Finalmente, Magdiel quiso compartir con DIARIO DE CUBA quién es y qué hace en su país de destino como un migrante de la Isla más.

«Soy un joven cubano de 27 años que decide emigrar en 2019. Soy graduado de Licenciatura en Microbiología de la Universidad de La Habana, e hice mi servicio social en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Salí de Cuba por la pérdida de la esperanza en un futuro  mejor, la impaciencia para esperar cambios que nunca llegaban», refiere.

Castro recuerda su primer acercamiento al conflicto entre la sociedad civil independiente y el Gobierno en la Isla: su asistencia a la marcha independiente LGBTIQ de mayo de 2019 en La Habana, que fuera reprimida por la Policía y la Seguridad del Estado a ojos vista de los medios internacionales e independientes.

«Esa fue una ruptura total en mi vida. Fue el primero momento en que me sentí libre y vi la represión en primera persona. A partir de ahí la conciencia política se fomentó», asegura.

«Luego de llegar a Bolivia he trabajado en muchas cosas, como todo emigrante. Lo que nunca he podido hacer es trabajar en mi área, aunque el artículo de Página12 dice que yo trabajo en el Servicio Departamental de Salud (SEDES), que viene siendo el departamento de salud de la Gobernación. Así que esa es una mentira fácil de verificar, porque llamas ahí y ves que no tengo nada que ver con ellos».

«Aquí no he tenido ningún acercamiento a grupos políticos locales, ni con el gobernador, ni contactos con la Embajada de EEUU, ni con la prensa boliviana. Nunca me han contactado, lo que es muy fácil de buscar en internet».

«¿Por qué soy blanco de hostigamiento? Cuando tienen que recurrir a mentiras tan burdas para desacreditar al oponente político, cuando tienen que mentir con tanto descaro y amplificar una fake news es porque no tienen mucho que decir del mensaje y atacan al mensajero. Pero se les hace difícil. La juventud cubana abrió los ojos, piensa por sí misma, tiene un espectro más amplio para hacerse de una opinión y la gente que me conoce sabe perfectamente quién soy», finaliza.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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