¡Apúrense cubanos!, lo de Nicaragua puede estar acabándose

La necesidad de dólares de los cubanos que quieren abandonar el país ha disparado el precio de la moneda estadounidense en el mercado negro y, de paso, el costo de todo lo demás.

Un cubano pasa ante una pintada procastrista en una calle de La Habana. DIARIO DE CUBA

Nicaragua, esa válvula de escape que el castrismo se sacó de la chistera a finales de 2021, se le está tornando una bomba de tiempo, y es que al Gobierno cubano le quedan cada vez menos apaños para esconder el desastre… Cuba se hunde.

Cuando el dictador nicaragüense, Daniel Ortega, en confabulación con el castrismo al que tanto debe abrió las fronteras de su país suprimiendo el trámite de visado, estaba claro cuál era la jugada, pues ni un solo cubano quería visitar los lagos y volcanes del país centroamericano: la polvorienta Managua era solo un escalón en el ascenso al norte.

Haciendo que Ortega abriera Nicaragua, el castrismo ha intentado exorcizar dos peligros que parecen inminentes: evitar un humillante show mediático tipo Maleconazo o Mariel, y rebajar la presión interna dándole a la juventud un objetivo concreto y palpable, emigrar.

Sabe el Gobierno de La Habana que, cuando la gente se desespera y siente que no tiene nada más que perder, puede hasta perder el miedo y lanzarse a otro 11J, un fantasma que sigue aún demasiado vivo. Lastimosamente, la única ilusión real que puede ofrecer la Revolución a la juventud es una vía concreta para irse de Cuba… pa’ donde sea Canel, pa’ donde sea.

Ese era el doble objetivo que el castrismo pretendía con el «favorcito» que Ortega le estaba haciendo… pero no calculó correctamente el impacto de la maniobra sobre la economía nacional, tan maltrecha que se ha resentido fuertemente. Que Nicaragua —¡nada menos que Nicaragua, por Dios!— quitara el visado a los cubanos ha agudizado el drama que es vivir en la Isla.

Nada más conocerse el cambio en las normativas migratorias nicaragüenses, se vieron escenas esperpénticas de familias cubanas endeudándose o malvendiendo el carro, la casa con todo dentro y lo que fuese para costear los varios miles de dólares —el pasaje solamente supera los 2.000— que cuesta llegar a Nicaragua y de ahí continuar el peligroso periplo hacia la frontera estadounidense.

Estos enormes gastos, de los que están medrando las agencias de viaje y aerolíneas —incluidas las del castrismo—, están generado una gran demanda de dólares en Cuba, algo que ha explotado en los últimos diez días, provocando que, de los poco más de 70 pesos que costaba un dólar el día 11 de enero, hoy se estén pagando hasta 92 pesos por cada billete estadounidense, un espectacular aumento del 32%. De mantenerse este ritmo, en menos de tres semanas se alcanzaría la mítica cota de 150 pesos por un dólar, a la que solo se llegó en los años 90, en el momento «más glorioso» del «Periodo Especial».

Aunque el precio oficial del dólar es de 24 pesos cubanos, el Gobierno no vende la moneda estadounidense desde hace meses. La única forma de acceder a ella es el mercado negro.

Pero la cuestión está en que el precio del dólar en el mercado informal no es exclusivo para los que escapan, los que se quedan en la ratonera tropical tienen ahora que convivir con este aumento de la moneda yankee, o lo que es lo mismo, esta depreciación acelerada de la moneda nacional.

Este desplome del peso encarece, aún más y súbitamente, la vida de los cubanos, obligados a adquirir mucho de lo que necesitan —desde ropa hasta medicina y alimento— en un mercado informal que sostienen las mulas, pues la oferta estatal es inexistente o más cara.

Pero no termina ahí el encarecimiento. Los productores nacionales, principalmente los agricultores, que son quienes único producen algo en Cuba para el mercado nacional, tendrán inevitablemente que subir también sus precios, tanto por el aumento de sus costos de vida como por el aumento de sus costes de producción.

El castrismo habrá calculado que los viajes a Nicaragua se pagarían principalmente desde Miami vía remesas. En sus elucubraciones sobre cómo seguir sacándole «dolaritos» a los cubanos que han «traicionado a la Revolución», habrá estimado que el flujo de billetes adicionales desde Estados Unidos sería suficiente para cubrir la nueva demanda provocada por los viajes a Nicaragua. Pero no ha sido así, de ahí la presión que hoy se está ejerciendo sobre los dólares que ya están dentro de la Isla y la subida de su precio, que ha arrastrado consigo los precios de todo lo demás.

Lo que pareció una jugada maestra del castrismo, una válvula por donde liberar toda esa tensión que galvanizó el 11J, se ha tornado un fuelle más para avivar las llamas del descontento de un pueblo que siente que se asfixia mientras observa, con la boca abierta de estupor y hambre, cómo sus salarios quintuplicados por obra y gracia de la Tarea Ordenamiento no sirven ni para pagar una postal turística con la imagen de El Gran Lago de Nicaragua. La cuestión que queda por resolver es: ¿cuándo le pedirá el castrismo a Daniel Ortega que cierre sus fronteras?

TOMADO DE DIARIODECUBA

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