Antes de delinquir en Miami, ‘Albertini el Ñáñara’ dejó huellas en Cuba

«No asaltaba ni violaba, pero sí estaba siempre metido en problemas», detalla Javier Fleites, uno de sus vecinos del barrio de La Pera, en La Habana

Barrio de La Pera, en La Habana, de donde es originario ‘Albertini el Ñáñara’, detenido en Miami. (14ymedio)

Javier Fleites se quedó de piedra cuando vio en la televisión, desde su casa de Miami, a uno de sus vecinos de toda la vida del barrio de La Pera, en La Habana. El hombre, del que prefiere no repetir su verdadero nombre, era el protagonista de una noticia donde contaban que fue detenido, esta semana, por presuntamente estafar a varias casas de empeño, a las que vendió cadenas de cobre como si fueran de oro.

«¡Albertini el Ñáñara! Tremendo estafador desde siempre», exclama Fleites, refiriéndose al acusado por el apodo del barrio. Allí, Albertini era bien conocido por ser un delincuente de baja estofa. «No asaltaba ni violaba, pero sí estaba siempre metido en problemas», detalla Fleites, quien añade que el Ñáñara también estuvo en prisión varias veces.

La primera, por ser proxeneta de su propia hermana cuando esta tenía unos 18 años. «Le buscaba extranjeros y la obligaba a prostituirse», refiere Fleites. «Fue la propia hermana quien lo señaló cuando la detuvieron, y por eso lo metieron preso».

«¡Albertini el Ñáñara! Tremendo estafador desde siempre», exclama Fleites, refiriéndose al acusado por el apodo del barrio

Desde entonces, salía y entraba de la cárcel como si fuera su casa. «La gente del barrio no se llevaba mal con él, pero todos tenían sus reticencias para meterse en cualquier negocio donde él estuviera involucrado, porque solía estafar a cualquiera», continúa Fleites. «Otras veces pedía dinero prestado y a la que se lo prestabas, no volvías a ver ese dinero».

El talante de Albertini quedó manifiesto en lo que dijo en el juicio que le hicieron en Miami-Dade por la estafa de las falsas joyas. Al cuestionársele haber engañado a los negocios, respondió que eso «es problema de ellos».

«La cabra siempre tira para el monte», le escribió Ernesto, otro vecino de La Pera emigrante en Florida, a Fleites en cuanto vio la cara de Albertini en el noticiero. «Ese tipo siempre fue y será carne de presidio».

A ninguno de los viejos amigos, pues, les extrañó ver al Ñáñara vestido de anaranjado a punto de entrar en la prisión del condado de Miami-Dade. Lo que sí les sorprendió fue que el abogado lograra rebajar la fianza de su defendido alegando que no tenía antecedentes penales.

«Todo lo que hizo en Cuba no consta para Estados Unidos», lamenta Fleites, quien recuerda que al iniciar los trámites de legalización, las autoridades estadounidenses no requieren ningún certificado judicial, «ni preguntan si tienes récord criminal ni nada».

Para Juan Carlos, primo de Fleites, lo malo es que se asocie a los cubanos con la delincuencia. «La mayoría viene aquí de Cuba con deseos de trabajar y salir adelante»

Para Juan Carlos, primo de Fleites, lo malo es que se asocie a los cubanos con la delincuencia. «La mayoría viene aquí de Cuba con deseos de trabajar y salir adelante, y sin embargo ese llegó al país de la libertad y sólo piensa en robar».

«Entre col y col, a veces se cuela lo peor del barrio», comentó con Fleites otro conocido, Tony. «Y qué podemos esperar de personas como esa, la gente no cambia de la noche a la mañana».

Los amigos de La Pera lamentan que pueda ocurrir algo parecido a lo que pasaba en los años ochenta, tras el éxodo del Mariel, cuando los cubanos que salieron de la Isla, fueron objeto de mala prensa, en parte porque el propio Fidel Castro abrió las cárceles y los manicomios y obligó a los yates que venían a cargar a sus familiares a llevarse parte de aquellos criminales y dementes.

«Qué clase de loco Albertini el Ñáñara», concluye Fleites. «¿Tú sabes lo que es venir a Miami y pasar todos los trabajos? Y todo para terminar preso».

TOMADO DE 14MEDIO

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