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“Los cubanos tenemos que entender que llevamos mucho tiempo sobreviviendo y sobrevivir no es vivir. Vivir es más que eso. Hemos perdido el horizonte”

Anamely Ramos. Foto cortesía del entrevistado

CIUDAD DE MÉXICO.- Faltan unos minutos para las dos de la tarde. Casi finaliza febrero de 2021 y estamos en Ciudad de México. Luego de varios intentos fallidos, la entrevista en vivo a través de las redes sociales de CubaNet parece que finalmente ocurrirá. Ese día, ya habíamos previsto conversar sobre San Isidro, Cuba y el activismo que ella hace. Lo haríamos a mediodía, cada una desde su casa, y con la pantalla compartida en la directa. Pero la entrevistada nunca logró sumarse a la transmisión, a pesar de todos los ensayos.

“Yo siempre tengo problemas con la tecnología”, bromea un rato después en un café donde acordamos vernos para concretar la entrevista. Anamely Ramos llega puntual. Tiene una blusa oscura de flores chicas, unos jeans y el pelo suelto, amontonado sobre su hombro derecho. Entra con el teléfono en la mano y no deja de responder mensajes. Ella funciona como una especie de enlace entre el núcleo central del Movimiento San Isidro, los acuartelados y personas que los apoyan desde otras partes de Cuba y el mundo. Su teléfono, ni ella descansan.

El día anterior, el 22 de febrero, la Seguridad del Estado había organizado un acto de repudio en la casa Anyell Valdés Cruz. Con tres niños allí (dos de cinco y uno de 10 años) y la madre anciana de la activista, turbas encabezadas por funcionarios del Poder Popular del municipio, algunos vecinos y hasta los propios maestros de los niños, gritaban consignas desde afuera. Otros decidieron dormir al perro para invadir la propiedad y tapar lo que Valdés había escrito en sus paredes: “Patria y Vida”, “Abajo la dictadura”. Los hijos de Anyell lloraban asustados desde adentro.

“Hay días peores que otros. Ayer fue un día terrible con el acto de repudio”, responde Anamely cuando le pregunto si mira a Cuba con optimismo. Ver toda la agresividad que el estado cubano está destilando no deja de impresionarla. No porque sea nuevo, o porque no supiera que lo han hecho por seis décadas. Solo que ahora, con una isla que empieza a conectarse, la violencia se expone crudamente en una transmisión de Facebook. Y ahí está, a la distancia de un par de clics, la policía política atacando a una mujer y a su familia, por unas palabras pintadas en un muro.

“Ese desborde de agresividad sobre otros,  ̶ dice en vivo ante la cámara ̶ , me afecta más que la violencia que ejerzan sobre mí. Para ella es terrible esa impotencia de observar a 1 783 km de La Habana y no poder involucrarse físicamente.

Anamely conoció a Anyell en noviembre de 2020 cuando ella se apareció en Damas 955 con su madre y sus hijos. Los habían visto por las redes, había escuchado por qué protestaban y querían todos acuartelarse en San Isidro. Al final, los niños y la anciana regresaron a su casa en Arroyo Naranjo, pero Anyell se quedó allí.

Hoy, antes de comenzar la transmisión, le escriben para contarle que un desconocido les llevó una donación de aseo y comida porque vio el acto de repudio. Ana les pregunta quién es ese hombre, les alerta que deben cuidarse siempre de la Seguridad del Estado y verificar la identidad de las personas que se le acercan. No pueden subvalorar el poder de un estado totalitario, ni de lo que son capaces.

“El poder lo tienen ellos: el poder de violar tu espacio físico, de meterte preso e inventarte una causa común, de mandar a desconocidos a agredirte. El desamparo para los activistas es real. No es victimización”.

El 10 de octubre, paradójicamente el día de la independencia nacional, la policía política decidió que varios activistas y periodistas no debían salir de sus casas. Anamely estuvo entre los elegidos. Según las leyes, solo un tribunal puede privarte del derecho a moverte libremente, pero la realidad es que las reclusiones domiciliarias son tan ilegales como continuas en la isla.

Ese día, cuando la curadora intentó abrir su puerta un grupo de señoras, con edad para ser sus madres o sus abuelas, se le plantaron frente. Era un muro humano que, gritando los vítores de siempre, la mantenía presa en casa.

Fue este su primer acto de repudio. Antes ya agentes masculinos de la policía política la habían arrastrado por la calle para impedirle llegar hasta la sede de San Isidro. También había sido violentada dentro de una delegación, y citada a infinitos interrogatorios. La violencia que ejerce el estado cubano Ramos la conoce porque la ha padecido

“Es difícil cuando despliegan violencia sobre ti continuadamente, porque puedes terminar reproduciéndola”. Ese para Anamely es uno de los principales peligros que habitan dentro del propio activista. El otro peligro es el ego. Disentir en Cuba, volverte visible, escuchado, te puede hacer ver como el centro. Sin embargo, lo importante no está en esa adrenalina interna que genera, dice la activista, sino potenciar que haya más centros para dislocar al poder.

“No podemos dejar que las posturas de trinchera nos nublen. Vivimos en un país donde se nos obliga a ser uniformes, así que nuestra principal fortaleza contra eso debe ser la diversidad”.

En su caso, los momentos más difíciles no fueron los de confrontación directa, con golpes, ofensas o empujones; sino los momentos de pérdidas emocionales que la policía política utiliza para derrumbarte.

Antes de llegar a un interrogatorio la Seguridad del Estado te investiga, intenta descubrir cómo dislocarte, cómo sacarte de ti y cuáles son tus puntos débiles. Sobre Anamely sabían que la salida de su hijo hacia otro país era la pérdida que más la afectaba.

“Yo les decía que las pérdidas eran parte de la vida, pero que te hacen crecer, madurar. Querían hablarme siempre de mi hijo, de que lo había dejado salir de Cuba”. Le dolía sí, pero intentaba no mostrarse afectada. Ellos ganan cuando te desmoronan.

Anamely se ha convertido hoy en una de los voces y rostros más conocidos en Cuba en el activismo independiente. Eso le ha costado estar en la mira de la Seguridad del Estado. No porque pertenezca a un partido político, sino porque cualquier tipo de disenso o articulación en Cuba son castigados. Y Ana trabaja en generar proyectos que desde cambios micros generen uno macro.

“Más que un partido necesitamos personas dispuestas a articular su responsabilidad cívica, que estén dispuestas a generar consenso, y luego llevar ese consenso a la práctica. Hay que reparar el país y el consenso es imprescindible no porque todos tengamos que estar de acuerdo sino porque hay que avanzar”.

El foco de esta activista es empoderar a la gente, que entiendan que es importante luchar por los derechos, y busquen su felicidad, más allá de conseguir comida.

Su vida en México: cómo trabajar por Cuba desde aquí

Anamely Ramos fue profesora del Instituto Superior de Arte por 12 años hasta que la despidieron en julio de 2019. El motivo fue su manía de expresarse libremente sin acatar el discurso oficial de la institución. Anamely, con 36 años, ha comenzado a vivir en México hace poco más de un mes.

Antes del acuartelamiento en San Isidro, donde estuvo, antes de la detención de Denis Solís que desató la huelga y la plantada frente al Ministerio de Cultura el 27 de noviembre. Antes incluso de que Luis Manuel Otero fuera detenido por tomarse fotos con la bandera cubana como parte de sus performances, ella ya había aplicado a una beca para estudiar un doctorado en Antropología en la Universidad Iberoamericana de México. Y se la otorgaron.

“Hubo momentos en los que dudé si continuar con el doctorado o mantenerme dentro de Cuba”. Que no la dejen entrar a la isla de nuevo es uno de sus miedos. Finalmente viajó a México porque podía continuar su superación profesional y también le sería más fácil desde aquí viajar a ver a su hijo. El niño tiene 10 años y vive con su padre en Argentina.

Sin embargo, estar en otro país no ha significado un cese en su activismo a favor del arte independiente y los derechos humanos. “Hay que romper esa lógica de estar “dentro” y estar “fuera” para trabajar con y para Cuba y lo que eso significa. El mundo ya no funciona así. Desde diversos lugares podemos seguir trabajando por Cuba”.

Antes de comenzar a grabar la entrevista en un café de CDMX, Ana escucha la directa que Maykel Castillo, conocido como Osorbo, transmite desde La Habana. Hay cientos de personas conectadas, casi mil, que lo escuchan y comentan. Alguien del barrio pasa por su lado y lo saluda. El muchacho le dice a Maykel que le regale una gorra como la que está usando.

El rapero le responde que solo tiene esa. Incluso le dice que tuvo que filmar la canción sin gorra. Osorbo se refiere a la canción que ha puesto de cabezas al régimen. El 17 de febrero estrenaron Patria y Vida en dos orillas. Desde Cuba cantaban Maykel y el Funky, desde Miami Yotuel, Gente de Zona y Descemer Bueno. En uno de los versos de la canción Maykel menciona a Anamely y su firmeza.

  • ¿Maykel está feliz con la canción?, le pregunto
  • Muchísimo. Está arrebatado

En tres días, Maykel y Anamely denunciarán la situación de los derechos humanos en Cuba, junto a otros artistas y activistas, ante miembros del Parlamento Europeo. Ana lo está ayudando con su presentación y también a recuperar la contraseña de su correo que ha olvidado. Maykel, cuenta ella, tampoco tiene mucha suerte con la tecnología.

***

¿Por qué Cuba trabajas? ¿Cómo la imaginas?

“Trabajo por una Cuba inclusiva, plural, donde tener una posición política determinada no te convierta en un paria, un criminal.

Una Cuba que supere esa tóxica beligerancia de hacer que las familias se separen y peleen por ideología. La base es que se respeten los derechos humanos, que sea posible crear alianzas, proyectos sin que te persigan, y que luchar por cualquier tipo de país no te convierta en un criminal.

Los cubanos tenemos que entender que llevamos mucho tiempo sobreviviendo y sobrevivir no es vivir. Vivir es más que eso. Hemos perdido el horizonte. Hay que quitarse la idea de que no somos suficiente, de que nuestros derechos están en cuestionamiento todo el tiempo. Hay que generar agencia para desarrollar la vida y la sociedad”.

Anamely quiere (y trabaja) por un país donde todos quepan y se pueda soñar.

TOMADO DE CUBANET

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