Cuba

Alrededor de un centenar de cubanos toma el ‘Camino de la Muerte’

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Xenofobia, muerte, corrupción y desidia oficial: el drama de la migración de los cubanos por el Darién.

Migrantes en travesía por la selva del Darién. EFE

Aunque los gobiernos de Panamá y Colombia acordaron un flujo controlado de migrantes por el Darién, la falta de un puente humanitario obliga a miles a tomar el denominado «Camino de la Muerte» en la selva colombo-panameña

El convenio binacional contempla 500 migrantes diarios, de lunes a jueves, pero según Eduardo Leblanc, defensor del Pueblo de Panamá, a la localidad de Bajo Chiquito, de 250 habitantes, están llegando cerca de 1.500 migrantes diarios. 

Las entidades del Gobierno de Panamá no se ponen de acuerdo en la cifra de migrantes irregulares que han ingresado por el Darién. Según Samira Gozaine, directora del Servicio Nacional de Migración de Panamá, «en 2021 han ingresado al menos 55.000 migrantes provenientes de Cuba, Haití y de países de África, lo que representa un 33% de la migración que ha entrado en Panamá desde 2013«.

Por otro lado, Le Blanc declaró: «lastimosamente no tenemos el número de personas que han fallecido, porque no se tiene un intercambio fluido de información para eso. La República de Colombia debe informar, en Capurganá, el peligro que acecha en la selva».

Este corresponsal en Colombia ha documentado un total de 28 muertes en lo que va de 2021. El último registro fue el 12 de agosto. En un video, enviado desde la selva del Darién, se observa el cadáver de un hombre flotando en el cauce del río Tuquesa. Según la fuente, el migrante era de nacionalidad cubana y falleció al caer por un abismo. «Nada pudimos hacer. El cuerpo, como decenas que vimos, solo les importa a las fieras de la selva y a los buitres», dijo.

Otro drama es el de los menores de edad que ingresan a Panamá, sin compañía de un adulto. Según Samira Gozaine, desde que empezó 2021 más de 50 menores han llegado sin compañía a Bajo Chiquito, después de cruzar la selva del Darién. Algunos de estos menores han perdido sus padres en el cruce, otros se han arriesgado solos a hacer este peligroso paso, dijo Gozaine.

Desesperados, cubanos toman «el Camino de la Muerte»

La escasez de tickets para viajar de Necoclí a Capurganá ante la llegada diaria de unos 1.000 migrantes obliga al migrante a ponerse en manos de «coyotes». Por 800 dólares, estos traficantes les prometen llevarlos desde Necoclí hasta la comunidad indígena de Nacho Kuna-Panamá.

«Llevamos ocho días varados acá en Necoclí y solo nos venden tickets para dentro de una semana. Tomamos la decisión de irnos esta noche. Nos llevarán hasta Panamá», dijo a DIARIO DE CUBA uno de seis migrantes cubanos, quienes pidieron que su identidad no fuera revelada y dijeron que saldrían la noche de 18 de agosto.

Estos cubanos enfrentarían un mar embravecido, hacinados en pequeñas embarcaciones, no aptas para navegar en alta mar y sin ninguna protección. Según los propios migrantes entrevistados, hay más de 100 cubanos dispuestos a emprender la peligrosa ruta.

El pasado 4 de agosto, la Armada Nacional de Colombia, de la capitanía de Turbo, rescató a migrantes cubanos que fueron abandonados en una playa de un sector selvático de este municipio. Fueron 17 cubanos rescatados, entre los que iban tres menores de edad, uno de ellos de nacionalidad chilena, de padres cubanos, dijo DIARIO DE CUBA la teniente Girón.

En una localidad cerca de Necoclí se encuentran bajo protección de la Iglesia Católica cinco migrantes cubanos, dos de ellos familiares de un reconocido sacerdote cubano en el exilio, que por motivos de seguridad prefirieron reservar su verdadera identidad.

«Yasmina» tuvo que salir de La Habana por el constante asedio de las autoridades, por sus críticas al Gobierno cubano y por su familiaridad con un opositor al régimen. Ella y su esposo vendieron por 8.000 dólares su casa en la Isla y con este dinero salieron en diciembre de 2019 de Cuba, rumbo a Surinam. Allí, los tomo por sorpresa la pandemia y el cierre de fronteras. 

«Pagamos 2.500 dólares por pasajes aéreos, le dejamos un poco de dinero a mi abuela y hermanito y el resto nos sirvió para pasar unos meses acá. Trabajamos un año en Surinam. Solo nos alimentábamos dos veces al día, para ahorrar dinero y continuar el viaje. Pero ese dinero, que guardamos con tanto sacrificio, la mayoría se nos fue en pagos a la Policía y otra parte nos fue robado» en la travesía, dijo.

Según Yasmina, en Ecuador nadie les daba trabajo y los tocó pedir dinero para poderse comunicarse con sus familiares en el exterior y que les enviaran dinero.

«Tres veces nos tocó comprar celular porque nos los robaban. Nos salvamos porque yo memoricé los contactos de mi familia en el exterior», añadió.

«Fidel» fue un cuentapropista en Cuba. Salió de la Isla cansado de la corrupción de los inspectores. 

«Mi hermano trabajó varios años en una misión médica. Con el dinero ahorrado nos enviaba mercancía y varias veces llegaban los inspectores y eran 100 o 200 pesos a cada uno. Había semanas que llegaban hasta dos. Un día que ya no tenía dinero me decomisaron la mercancía. Como todo cubano que emigra, me tocó malvender lo poco que tenía y que había conseguido en 20 años de trabajo», dijo.

Contó que a un familiar suyo residente en EEUU le ha tocado endeudarse con garroteros, del orden internacional, para poder sufragar su viaje.

«Al cubano migrante le prestan dinero, pero un familiar en el exterior tiene que ser la garantía. Te toca pagar el doble y te dan plazo de un año, Ay del que no pague. Conozco casos de cubanos que su madre hipoteca la casa en Cuba a los garroteros, hay personas que tienen hasta diez propiedades en mi país. Cuba es comunista para los de a pie, pero para lo del Estado es capitalista», dijo.

Las manos caritativas que acogen al migrante

Monseñor Hugo Torres, obispo de la Iglesia Católica, tal vez la única entidad que se preocupa de forma real en atender el drama humano de la migración por el Urabá y el Darién colombiano, deambula constantemente por los embarcaderos de Necoclí dándole atención básica a los migrantes y se ha convertido en su vocero ante las altas esferas del Gobierno colombiano. 

Después de años y de algunas donaciones, Torres está logrando su sueño, construir una casa para la atención del migrante en Necoclí. Según el prelado, «estará funcionando pronto».

«Inicialmente tendremos unas oficinas donde se atenderán los casos especiales, se les dará asesoría, se les entregará un pequeño kit de elementos y de primeros auxilios para enfrentar la travesía por el Darién», dijo a DIARIO DE CUBA.

«Aunque la ayuda es mínima para el drama que viven estos seres humanos, ellos sienten tranquilidad al sentir que alguien se solidariza con su realidad», añadió.

«Son decenas de miles de personas que se internan en la selva, algunos de ellos pierden la vida, les roban, los engañan y las mujeres son violadas en lado panameño. Por ello urge que exista un concierto de sociedad, civil, Estado y organismos internacionales para hacer más humano este drama», pidió.

Por último, el obispo reconoció que su labor poco impacta en el sufrimiento del migrante.

«No descansaré hasta lograr un puente humanitario. Ya se están adelantando conversaciones con funcionarios panameños, quienes son muy receptivos a buscar una salida humanitaria», afirmó.

Alberto Lopera, párroco de la iglesia de Necoclí, también sale a la calle solicitando ayuda para los migrantes. Por la casa cural pasa «un rosario de migrantes buscando ayuda» y ninguno se regresa sin su bolsa con alimentos.

«Es necesario reconocer que los comerciantes y la ciudadanía de Necoclí están siempre prestos a brindar una ayuda. Algunos de ellos comparten lo poco que tienen con el migrante. Han llegado personas que aportan una libra de arroz y yo sé que eso para ellos es un esfuerzo grande», dijo el párroco.

Casi todos los 15.000 migrantes que estaban varados hasta la semana pasada en Necoclí lograron partir. Deben estar llegando a Ciudad de Panamá para encontrarse con la dura realidad de que Costa Rica cerró el paso a migrantes.

DIARIO DE CUBA pudo corroborar que la crisis migratoria en el Darién no ha sido superada, todo lo contrario. Por las vías que acceden a Necoclí se ve caminar a decenas y decenas de migrantes. Según Alberto Lopera, diariamente llegan al puerto colombiano alrededor de 1.000 migrantes y estimó que en el momento de la entrevista alrededor de un centenar de cubanos permanecían en la localidad, dispuestos a continuar el peligroso viaje.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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