‘Algunos no tienen ni un reverbero para colar café’: a estos cubanos les ha subido el Gobierno el precio de los comedores públicos

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Éramos unos 80 comensales en este lugar, hoy solamente somos 12 o 15 los que venimos’, dice un anciano de Santiago de Cuba.

Ancianos el día del cobro de las pensiones en Santiago de Cuba. DIARIO DE CUBA

Las personas vulnerables «nunca quedarán desamparadas»: es el mantra que han repetido los funcionarios del Gobierno cubano tras el anuncio y la implementación de la «Tarea Ordenamiento». Sin embargo, el primero de enero, ancianos, personas con discapacidades y otros asistenciados se encontraron una «sorpresa» en Santiago de Cuba: el precio de los menús en los comedores del Servicio de Atención a la Famila (SAF) subió de un peso como promedio hasta más de 20.

Aunque habían sido alertados de la subida de los precios en los comedores públicos, los «beneficiarios» del SAF no esperaban que fueran más allá de los cinco pesos. Para Perucho, quien desde hace diez años recibe comidas del centro ubicado en la pizzería de San Agustín, los nuevos precios son una falta de respeto del Gobierno.

«Cuando llegó la trabajadora social el día primero y me dijo que eran 26 pesos, le dije que se fuera por donde mismo vino«, relató Perucho, de 55 años, jubilado por una discapacidad. «Ella me explicó que no era su culpa, que eran los nuevos precios, pero le dije que se la llevara».

Los alimentos, que eran las raciones de almuerzo y comida, consistían en arroz, chícharos, picadillo y pollo.

«Lo de las comidas es un atraco, pues además de lo que le roban a las raciones, una posta de pollo la cortan en tres pedacitos y el picadillo son tres granitos con agua; está mal elaborada, sin especies, ni grasa, son unos ladrones», dijo Perucho indignado.

Los comedores de la SAF están ofreciendo sus servicios a domicilio debido al Covid-19, para evitar las aglomeraciones. Los trabajadores encargados de llevar los alimentos a los asistenciados, para ahorrar tiempo, lo hacen en recipientes propios y pagando por adelantado, de sus bolsillos. Es el caso de Alina, perteneciente a la cafetería ubicada en la Alameda.

«Esos viejitos me dan mucha lástima, viven muy mal, son muy pobrecitos, algunos no tienen ni un reverbero para colar café», explicó. «Yo les pagaba el peso de las comidas y, cuando se las llevaba, algunos ni siquiera me lo daban. A mí no me importaba, pero ahora es distinto», dijo Alina en referencia a la subida.

«Imagínate, si no querían pagar un peso, ahora no quieren coger la comida. Mi trabajo ahora es doble, tengo que ir primero casa por casa a recoger el dinero de los que quieren comer, porque ya no puedo pagárselo de mi bolsillo», añadió.

Marino Murillo, jefe de la Comisión de Implementación y Desarrollo de los Lineamientos del Partido Comunista, dijo en diciembre pasado que, en el caso de los asistenciados cubanos, un núcleo de una persona recibiría tras el inicio de la Tarea Ordenamiento la prestación que recibía entonces más el 60% del salario mínimo (1.260 pesos, unos 53 dólares). Agregó que, para el resto de los integrantes, hasta cinco personas, la prestación sería de 800 pesos para cada uno.

Algunos de los nuevos precios de las raciones del SAF, según las tablillas de los centros de atención, son arroz 3,90 pesos, chícharos 3,10, croqueta 3,35 cada una, picadillo 4,20, vianda hervida 1,55.

Sin embargo, a estos precios los ancianos y otras personas en situación vulnerable deben añadir la subida de servicios como la electricidad y el gas, además de los alimentos normados y los medicamentos.

Según algunos beneficiarios del SAF ubicado en la Avenida Martí, «aunque en un inicio se nos dijo en una reunión que iban a cobrar 13 pesos por los alimentos, la realidad es que los precios de estos oscilan entre 17 y 18 pesos diarios».

«No creo que haya bolsillo que aguante esos precios, teniendo en cuenta que las personas que comen aquí son jubilados y tienen que priorizar otras cosas más allá de los alimentos», dijo Jorge, de 71 años de edad, quien regresó a Cuba hace algunos años, procedente de los Estados Unidos, en condición de «excluible».

«Por ejemplo, en mi caso, no creo que pueda continuar pagando los alimentos a esos precios; de hecho, hacía tres días que no los compraba. Pero yo poseo una libreta de abastecimiento, tengo una cocina y mi hermana me ayuda con la compra», añadió Jorge, refiriéndose a que otros ancianos y asistenciados no tienen esa posibilidad.

«Éramos aproximadamente unos 80 comensales en este lugar, hoy solamente somos unas 12 o 15 personas las que estamos asistiendo a comprar la comida», apuntó por su parte Israel Mesa, de 81 años.

«A principios de año nos dieron pescado y nos dijeron que nos ofertarían tres variedades de granos, frijoles negros, colorados y garbanzos, así como pollo frito y fricasé para mejorar la calidad de la comida, pero hasta ahora no hemos visto nada de eso, ni la calidad de la comida, ni los productos prometidos, todo es un cuento», se quejó.

Los hermanos Montoya hace cuatro días que no van a comprar la comida en el SAF del Distrito José Martí. «Vamos a dejar de comer ahí, la chequera de la seguridad social no da para pagar eso, prefiero comer pan con fritura», dijo Chichí, el menor de los hermanos.

Ellos, como Perucho y otros «beneficiarios» del SAF, están pidiendo que se bajen los precios. Algunos incluso han propuesto llevar la comida al Partido Comunista de la provincia, para que los dirigentes vean su mala calidad.

Tomado De DIARIODECUBA

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