En Cuba solo está permitida la prensa oficialista

Acosar a un periodista porque hace su trabajo e intimidar a sus fuentes porque cuentan la realidad que ven sus ojos en las páginas de un diario que leen cientos de personas en el mundo, es un acto de cobardía institucional, represión y censura.

En Cuba, gobiernan el Partido Comunista, militares y burócratas fusionados en una Santísima Trinidad verde olivo, donde es complicado determinar quién es el Padre, quién el hijo y quién el Espíritu Santo, trilogía que emprende todas las acciones posibles para intimidar al cubano que se levanta cada mañana a intentar sobrevivir otra jornada más, carente de pan, justicia y con el pecho apretado por tantos gritos que ahoga porque teme las consecuencias.

Los periodistas independientes, sin tener que pedir permiso a un burócrata, intentan hacer su trabajo y ofrecen su voz a todos aquellos cubanos dolidos con el Gobierno que les da la espalda y amordaza, porque el castrismo convirtió la discrepancia en delito y la protesta en traición a la revolución.

El periodismo independiente en Cuba ha ganado en calidad y cantidad: si antes esa profesión era solo para algunos opositores profesionales y aficionados que contaban de manera diversa las injusticias castristas, los nuevos reporteros al margen del gobierno, salen directamente de las aulas de las universidades o de los edificios oficiales.

Raúl Rivero Castañeda es símbolo del periodismo independiente en la isla, que lo llevó a la cárcel en la Primavera Negra de 2003, junto a otros 74 cubanos que -en su mayoría- habían militado en las filas de la revolución hasta que el hartazgo y la honradez los movilizó.

Los nuevos periodistas independientes intentan, además de contar la realidad cubana que perciben, exprimir al máximo las rendijas que el gobierno concedió con el levantamiento del veto al acceso a Internet y los sucesivos avances de conexiones 3G y 4G, que además son caras e inestables.

Algo debe ir mal, pero muy mal en Cuba, cuando periodistas a sueldo del Partido Comunista deciden romper con su pagador y renunciar a pequeñas prebendas a cambio de contar “lo políticamente correcto”. Su abandono del canal oficial no obedece sólo a motivaciones económicas, porque los sueldos son irrisorios y más ahora con la dolarización acelerada, sino de una indagación personal y ética, en busca de mejores contenidos.

Mientras Granma y otros medios de comunicación oficiales se empeñan en defender su arcaica manera de contar, la prensa alternativa posa ojos y orejas en la calle y cuenta historias no aptas para el Departamento Ideológico del Comité Central, como las de familias enteras desamparadas porque no tienen dónde vivir o de una población que debe conformarse con recibir agua fangosa a través de las tuberías porque la planta potabilizadora lleva rota hace tiempo.

En el oficialismo hay excepciones, periodistas audaces y expertos en contar historias, metiéndose por los eslabones de la cadena sujeta por el mono, del que muchos hablan y pocos identifican por miedo a quedar atrapado en la jaula.

Cuba tiene muchos buenos periodistas, pero hace uno de los peores periodismos del mundo porque sufren de zonas vedadas como la salud de los dirigentes, las deterioradas educación y salud públicas, el envejecimiento de la cúpula comunista o los gastos militares y de los cuerpos de seguridad que vigilan a los cubanos.

Cuando se trata de hallar responsables del desastre de Cuba, mientras el periodismo independiente intenta buscar culpables de carne y hueso, con nombres y apellidos, el oficialismo insiste en atribuir al “bloqueo” norteamericano y a elementos díscolos dentro del sistema, como “coleros” y “acaparadores”, la desgracia colectiva.

Paradójicamente, el oficialismo y sus cajas de resonancia no cejan en su propaganda sobre las virtudes educativas de la revolución, pero sin llegar a explicar cómo Cuba, con uno de los mejores capitales humanos de la región, sobrevive carente de alimentos, medicinas, café, agua potable, jabones y detergente y habita en casas deterioradas y hasta en albergues colectivos; entre otras necesidades.

La Santísima Trinidad comunista censura la realidad de Cuba en los medios de prensa que paga; salpicados de proezas, dificultades objetivas y subjetivas, la maldad de Donald Trump o el presidente de turno en la Casa Blanca y de retos colosales para sembrar calabazas y piñas hasta en canteros y macetas.

A la Santísima Trinidad comunista le molesta la prensa independiente y por eso bloquean sitios webs, aplican sanciones a través del Decreto Ley 370, son capaces de desnudar a un reportero, como si fuera un criminal o de poner tras las rejas a un periodista que solo pretendía hacer su trabajo.

La fuerza represiva alcanza también para colocar a un militar vestido de civil, a las puertas de activistas y periodistas independientes, con la orden de que no pueden salir nadie hasta que no baje otra orden del cielo castrista; atropello que deja atónitos a juristas, defensores de derechos humanos y ciudadanos libres porque los represores actúan sin respaldo legal.

Democracia no es solo votar por el candidato y partido que el votante considere pueden solucionar mejor sus problemas, sino también un sistema de precios regulados en servicios básicos y artículos de primera necesidad para proteger a los más pobres y una clara separación de poderes que proteja a los ciudadanos al ser todos iguales ante la ley.

Cuba padece, después de 61 años, una desconfianza permanente de la dirigencia hacia el pueblo, al que dice representar, pero al que tutela diciéndole cómo debe pensar, que puede comer, adonde debe viajar y hasta cómo relacionarse con familiares y amigos.

En 1958, estaban inscritos, en el Registro de Publicaciones de La Habana, 42 periódicos y revistas de todas las tendencias ideológicas, incluido el periódico comunista Hoy, que se fundió con Revolución para alumbrar Granma que, desde entonces, oscurece a Cuba.

El periodismo independiente, criminalizado hasta límites increíbles por el oficialismo, es otra muestra de la vitalidad de muchos cubanos que, junto a pequeños y medianos empresarios privados, también asediados por la Santísima Trinidad verde olivo, son luces de esperanza para una necesaria y deseada Cuba plural.

El castrismo se defiende aclarando que no mata periodistas, como ocurre en México, China, Rusia y Arabia Saudí; ¿no habíamos oído decir que se trataba de una revolución humanista que impediría al hombre ser lobo de otros hombres, o es que hay abuelas de Caperucita infiltradas en el Buró Político del Partido Comunista de Cuba?

Tomado De CIBERCUBA

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