Al campo y a la construcción, el destino de trabajadores de centrales cubanos que quedan fuera de la zafra

El monopolio estatal AZCUBA dice que no se desmantelarán los 33 centrales que esta campaña no muelen, pero la medida implica una ‘reestructuración’ de la fuerza laboral.

Maquinaria cañera en tiempos de cosecha. JULIO MARTÍNEZ MOLINA GRANMA

A mediados de noviembre comenzará en Cuba la zafra azucarera correspondiente al periodo 2022-2023, pero solo con 23 centrales. La estrategia que, según el Gobierno busca lograr una mayor eficiencia y constancia en los recursos para mantener una producción estable, implica una «reestructuración» de la plantilla laboral en las plantas que se quedaron fuera de la campaña. Los trabajadores serán enviados a realizar labores de arreglo y mantenimiento, a la siembra de caña e incluso otros cultivos y a labores de construcción.

Según publicó el diario oficial Granma, Dionis Pérez Pérez, director de Informática y Comunicaciones del monopolio estatal AZCUBA, dijo que, a pesar de que solo molerán menos de la mitad de los 56 centrales funcionales, los restantes no se desmantelarán. 

«En los centrales que no muelen en esta zafra se continuarán las labores de reparación, mantenimiento y conservación para garantizar la zafra siguiente, a partir de la gestión de recursos dentro del territorio nacional, para lo cual se dispone de financiamiento», dijo.

Sobre la fuerza de trabajo, aseguró que «se mantendrá». Pérez Pérez dijo que «una parte participará en la conservación y preservación del ingenio y otra se incorporará a las labores de mantenimiento y reparación, luego de la autorización de un financiamiento para estas actividades». El funcionario lo inscribió dentro de «las 93 medidas para salvar la agroindustria azucarera nacional».

Según sus declaraciones, «otros trabajadores se reubicarán en labores de producción de caña, de alimentos y producciones diversificadas (no precisadas), que constituirán las principales fuentes de ingresos personales». Este año las autoridades cubanas pusieron fin a los subsidios por pérdidas en el sector azucarero.

Pérez Pérez dijo que otras fuentes de empleo se localizan en la construcción de 447 viviendas este año, en su mayoría en comunidades cañeras, y el rescate y puesta en funcionamiento de 29 carpinterías y cuatro centros de producción de materiales de construcción en los centrales azucareros.

Dijo que, como proyección, está la asignación de 57.427,6 hectáreas de tierra a las empresas azucareras y de apoyo, de las cuales se destinarán más de 45.000 hectáreas para la siembra de caña y 12.426 hectáreas para la producción de alimentos.

Actualmente están operativas 16.024 hectáreas de tierra, de las cuales están destinadas para caña de azúcar 9.837, agregó.

«Se tiene en cuenta, en el concepto de preparación de la tierra, intercalar cultivos para contribuir al empleo óptimo del espacio y tener una garantía de alimentos e ingresos. Sembrar caña y alimento es la finalidad para diversificar la empresa«, argumentó.

El director de Informática y Comunicaciones de AZCUBA justificó que «la decisión de moler con menos centrales radica en sustentar la zafra en el financiamiento real del que se puede disponer, y bajo el principio de garantizar el consumo interno y obtener los derivados de esa producción, como alimento animal, alcoholes y mieles, que permita un plan de exportaciones en dependencia de los precios en el mercado».

AZCUBA dijo a inicios de septiembre que en la zafra 2022-2023 deberán molerse 6.000.574 toneladas de caña y producirse 455.198 toneladas de azúcar, con destino a la canasta familiar y otros consumos de la economía.

La cantidad planificada es incluso menor que las 473.000 toneladas fabricadas en la zafra anterior, cuando se produjo menos azúcar que durante la Guerra de los Diez Años, iniciada en 1868. En aquel entonces, los ingenios producían entre 720.250 y 553.364 toneladas anuales, según el historiador Julio Le Riverend en su obra Historia económica de Cuba.

Teniendo en cuenta los planes y lo conseguido en la anterior campaña, es difícil saber cómo, con menos azúcar, el Gobierno cubrirá la canasta familiar —el azúcar vendido por la libreta de racionamiento no les alcanza para todo el mes a los cubanos— además de proveer al turismo, elaborar medicamentos y otras producciones industriales, y, encima, exportar. La escasez de este producto, otrora renglón principal de exportación del país, ha puesto en peligro de extinción a los negocios privados.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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