Aguas albañales, humo de basura quemada y Covid-19: el cerco alrededor de los habitantes de Camagüey

‘Nos vamos a quedar sin pulmones de tanta peste’, se quejan cubanos residentes en la ciudad.

Quema de basura en un vertedero de Camagüey. DIARIO DE CUBA

Elvira no soporta la fetidez, pero no tiene a dónde acudir. Desde inicios del mes de mayo las aguas albañales inundan su casa y las de otras 17 familias cubanas, sin que las autoridades de la ciudad de Camagüey eliminen la obstrucción y las condiciones propicias para la trasmisión de enfermedades en plena pandemia de Covid-19.

«Tanto la prensa como los funcionarios ignoran una situación que nos obliga a sacar a los niños y los ancianos para la calle a desayunar, almorzar y comer, porque dentro de la casa el hedor es irresistible por los excrementos«, explica.

Por su parte, Mirna señala que la obstrucción del registro de la calle Miguel Angel Núñez entre Jaime Nogueras y Teniente Cañón, en el reparto La Vigía, «la conocen el Gobierno, el Partido y Comunales, que no solo es ineficiente, sino una de las empresas más insensibles de Cuba«.

«A la falta de medicamentos y mi problema de salud, se suma el riesgo al que hace casi dos meses me obligan a exponerme», dijo La Mama, quien padece sida. A sus 76 años, tiene que permanecer hasta las 2:00 de la madrugada en la calle y salir a más tardar a las 6:00 de la mañana: «la peste no me deja dormir».

Carmen tiene en casa a un anciano de 90 años que ha sufrido varios infartos cerebrales y a otro de 71 con sonda y demencia senil. Debe sacarlos al patio para asearlos, ya que el desborde de la bañadera y el servicio sanitario no permiten que lo haga en el baño.

«Rezo para que no se infecten o se conviertan en víctimas de la pandemia, pues la tupición hace retornar las aguar albañales que vienen de muchísimas viviendas en un barrio cundido de Covid«, dijo.

La delegada del Poder Popular dice que ya no sabe a quién llamar o dónde reportar la situación, que se torna insoportable en cuanto llueve, y durante los últimos torrenciales obligó a los vecinos a refugiarse en un local abandonado que antes se utilizaba para actividades religiosas.

La mayoría de los jóvenes se fue a casas de familiares y amistades. Mientras, el Consejo de Defensa Provincial habla con triunfalismo de la higiene, el cumplimiento de los protocolos sanitarios y las medidas de bioseguridad en Camagüey.

Aquí no hay aguas albañales, pero el humo de los vertederos ahoga

En otras zonas de la ciudad la insalubridad es similar, aunque por razones diferentes. Para Ángel María el humo que se «cuela» hacia las casas colindantes con el vertedero de Ojo de Agua y Dolores Betancourt compite con el descontrol epidemiológico que propicia la trasmisión del Covid-19.

«Nos vamos a quedar sin pulmones de tanta peste y la humareda. En vez de recoger la basura, Comunales le da candela a costa del asma y otros problemas respiratorios de vecinos que viven con catarro e infecciones«, dijo.

Loynaz relató que a diario tiene que lidiar con los camioneros que vierten los desechos al final de su patio, porque los conductores no quieren entrar al fanguero en que se ha convertido el vertedero debido a las lluvias. «Ellos resuelven su problema, pero afectan la higiene de mi casa, porque ahí depositan hasta los desperdicios de los hospitales y centros de aislamiento de varias partes de la ciudad».

Según otra vecina, Yudith, «los médicos no quieren pesquisar en esa zona por el tizne, el hollín y el mal olor. lo que convierte el área en una zona roja por partida doble. Por un lado, la excluyen de los protocolos y, por otro, ignoran sus problemas de salud».

Nancy asegura que «en Ojo de Agua son más los que han pasado el virus en sus casas, que los ingresados en el hospital. Aquí la gente está acostumbrada a la coriza y el resfriado«, pero la situación se agrava con el Covid-19 que, según el periódico oficial Adelantedurante los primeros 26 días de junio dejó en Camagüey casos 3.541 positivos y 36 fallecidos.

Mientras las autoridades y los medios destacan el toque de queda y las medidas restrictivas, decenas los microvertederos que atentan contra la higiene prosperan en la terminal ferroviaria, Agramonte, Monte Carlos, La Caridad y el río Hatibonico, convertido en lugar de juego y recreo para los menores de edad.

Los más de 50 puntos de control que velan por el toque de queda no han impedido que los jóvenes practiquen fútbol u otros deportes en el casino, el parqueo del estadio Cándido González y la céntrica calle Cuba.

Famosas por su nivel de contaminación son las obstrucciones de las calles San Martín y Acción Cívica, en el reparto América, y la de San Ramón, entre Hospital y Honda, donde la población vive expuesta a la acumulación de los desechos sólidos, las epidemias y las condiciones insalubres.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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