A la necesidad y la escasez en La Habana ahora se suma la falta de transporte, que está llenando las paradas de personas

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Gobierno cubano anuncia el aumento del precio de los pasajes de todo el transporte público en el país, incluidos los viajes interprovinciales

Este lunes resultó especialmente complicado moverse por La Habana, además de que, de por sí, estos constituyen los días más difíciles para el transporte público en La Habana. A partir de este 17 de mayo, la movilidad en la ciudad se redujo significativamente debido al déficit de combustible que acarrea el país, lo que provocó largas filas en las paradas, ómnibus llenos (saltándose las medidas sanitarias de enfrentamiento a la pandemia de COVID-19), y un malestar generalizado, una situación muy similar a la que vivió La Habana durante la llamanda “etapa coyuntural” de finales de 2019.

En la capital de los cubanos, con más de 2 millones de habitantes, está siendo más difícil de lo usual moverse; casi imposible, dirían algunos.

Luisa María, vecina de 65 años de la barriada de Alamar, nunca pudo llegar a su centro laboral, por lo que a un par de horas de haber salido de su casa, tuvo que llamar para avisar que no podría asistir.

El barrio de Habana del Este, que por ser tan poblado y apartado siempre ha sufrido graves problemas con el transporte, casi no divisó guaguas en la jornada de este lunes.

Luisa María explicó que ella y otras 2 compañeras de trabajo se vieron obligadas a faltar a su centro laboral por concepto de transporte, un lugar a donde asisten decenas y hasta cientos de personas vulnerables para alimentarse porque no cuentan con más opciones de sustento. Comentó que la única solución hubiera sido montarse en un almendrón, pero ya no queda dinero a estas alturas del mes para darse esos ‘lujos’.

Las multitudes en las paradas del municipio Diez de Octubre eran descomunales, y aunque esa zona cuenta con numerosas opciones de transporte público y privado, no eran suficientes.

Los chóferes, encima, no pudieron pretender acatar los protocolos sanitarios establecidos y dejar gente sin recoger porque no había suficientes carros circulando y los ciudadanos preferían arriesgarse al contagio que continuar esperando.

Además, resulta extremadamente común que todos los pasajeros viajen con carga, trasladando mercancía por toda la ciudad, haciendo compras (muchas congeladas), etc.

Todavía están vigentes las ordenanzas provinciales de suspensión del transporte público entre las 9:00 p.m. y las 5:00 a.m. y de limitación de pasajeros sentados y parados en los medios de transporte, debido a los repuntes de casos positivos a la COVID-19 que ha vivido La Habana desde el mes de enero.

Mientras, en otras provincias se ha eliminado todo el transporte público (incluyendo medios de transporte alternativos), tanto por la falta de combustible como por la preocupante situación epidemiológica que están presentando actualmente.

Algunos ciudadanos comentaron que el Gobierno debería suspender nuevamente la total movilidad de los habaneros para aplacar el problema sanitario, dejando solo las rutas imprescindibles para la salud y la economía. Otros pensaron que esa solución solo agravaría el ya gigantesco problema de adquisición de alimentos y bienes vitales.

Un joven indignado hablaba sobre que los jefes no se van a contener a anotar las llegadas tarde, aún cuando ellos tengan carro y hasta chófer y el resto deba batirse en un duelo con el transporte público, y comentó que justamente se había anunciado que Japón había donado guaguas muy modernas, pero no hay combustible para ponerlas en funcionamiento.

TOMADO DE CUBACUTE

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