Se cumplen hoy 60 años de la fundación el 28 de septiembre de 1960, en La Habana, de los llamados Comités de Defensa de la Revolución, una de las organizaciones más longevas del régimen cubano.

Proclamada como “una necesidad del pueblo” por un discurso de Fidel Castro (en el que, por cierto, sonaron varios petardos opositores), la organización lleva seis décadas desempeñando tareas de vigilancia colectiva y delación de todos aquellos cubanos que no comulgan con la ideología oficial.

En su discurso fundacional, Castro aseguró: “Vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva” (…) “Vamos a implantar, frente a las campañas de agresiones del imperialismo, un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria y que todo el mundo sepa quienes y qué hace el que vive en la manzana”.

Esos mismos objetivos son los que han caracterizado la impune injerencia de la organización en la vida privada de los ciudadanos y su función de control social.

En años recientes, las autoridades gubernamentales trataron de evitar las críticas internacionales a las numerosas violaciones de los derechos humanos asegurando que los CDR eran organizaciones de la sociedad civil, obviando explícitas declaraciones del propio Castro, que la definió como “una organización que está dispuesta a actuar con toda energía que sea necesaria cuando se lo ordena la Revolución”.

En la historia revolucionaria, muchos miembros de los CDR han actuado como fuerzas represivas y vigilantes de la disidencia. Cuando en 1980 miles de cubanos ocuparon la embajada de Perú con el objetivo de salir del país fueron los CDR los encargados de identificarlos y organizar los denominados “mitines de repudio”.

La tradición se ha mantenido hasta el presente, ahora en contra de actores pacíficos de la sociedad civil. Miembros de los CDR son movilizados a estos efectos por órdenes el gobierno y el Partido Comunista para llevar a cabo violaciones flagrantes de los derechos humanos contra sus vecinos, como han denunciado diversos activistas y organizaciones opositoras.

Al efectuarse registros a viviendas de ciudadanos se cuenta generalmente con la presencia de miembros de los CDR, cuya presencia “legitima” el actuar de las autoridades, no siempre ajustada a la ley.

Miembros de los CDR son a menudo cómplices de registros sin la debida orden judicial, ocupación de medios no previstos, tratos indebidos a las personas, entre otras violaciones.

Además, durante los procesos penales, se consideran como atenuantes o agravantes el pertenecer y participar o no en las tareas de los CDR según consta en casi todas las sentencias resultantes de juicios por tribunales que no resultan imparciales ni independientes.

La reciente designación del exespía cubano Gerardo Hernández Nordelo, como coordinador nacional de la organización no hace sino confirmar la vigencia de las políticas de delación y vigilancia ciudadana que han caracterizado siempre el trabajo de los CDR.

Obligado a reconocer que la sexagenaria organización ya provoca menos entusiasmo, Hernández Nordelo salió públicamente a rescatar su imagen.

“Hay quien dice que esta es una organización de viejitos, pero les aseguro que lo que ha cambiado es el tiempo, porque, lejos de pasar de moda, estamos presentes. En estos momentos resulta importante recordar y ser fiel al legado de nuestro Comandante y a la confianza que depositó en los CDR, ya que él siempre tuvo muy claro que constituían un baluarte de la revolución y así lo seguirá siendo”, expresó el mes pasado.

Una de las últimas tareas encargadas a los CDR en tiempos de coronavirus ha sido la cruzada oficial contra coleros, acaparadores y revendedores, una acción conjunta de la organización con los órganos del Ministerio del Interior en todo el país.

Tomado De CIBERCUBA

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