15N: por un capitalismo de verdad, no el de GAESA

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El régimen acusa a los organizadores del 15N de restaurar el capitalismo, mientras ellos convocan al capitalismo foráneo.

Rodrigo Malmierca anuncia el II Foro Empresarial Cuba 2021. EMBAJADA DE CUBA EN VENEZUELA/ YOUTUBE

El argumento principal que usa la dictadura de Raúl Castro para impedir la marcha pacífica popular convocada para el 15 de noviembre es que sus promotores quieren «restaurar el capitalismo«. Al mismo tiempo, ese régimen ofrece «503 oportunidades» por un monto de 12.000 millones de dólares en «pequeños emprendimientos» a un centenar de capitalistas de 41 países invitados al II Foro Empresarial Cuba, entre el 29 de noviembre y el 2 de diciembre, que será virtual debido a la pandemia.

El foro incluirá un panel para capitalistas cubanos residentes en el exterior, que ahora la Agencia Cubana de Noticias del régimen ya no llama «mafia de Miami», sino «compatriotas que viven en otros países», para proponerles invertir en pequeños negocios previamente escogidos por la mafia militar.

Porque el evento lo organizan el Ministerio del Comercio Exterior e Inversión Extranjera, la Cámara de Comercio, la Zona Especial del Mariel, y el Grupo Empresarial de Comercio Exterior, organismos todos controlados, mangoneados y saqueados por GAESA.

O sea, la mafia militar implora al capitalismo extranjero, pero impide el criollo. Porque quiere asociarse al capital foráneo para expandir su modelo de economía corporativa de capitalismo militar de Estado (de corte fascista) y por eso no quiere un sector privado pujante, un capitalismo cubano normal, que beneficiaría a todo el pueblo.  A esa aberración antinacional Díaz-Canel le llama «revolución socialista».  

Es sorprendente cómo el ministro Rodrigo Malmierca, encargado del foro, y sus jefes de GAESA, creen que como esos capitalistas no estarán físicamente en Cuba no podrán constatar el nefasto ambiente que hay para los negocios en el país. Malmierca, al anunciar la convocatoria, destacó «las excepcionales condiciones de Cuba para negocios con capital foráneo, en particular su estabilidad».

Invertir en Cuba hoy, una locura o un espaldarazo a la tiranía

Pero los verdaderos empresarios e inversores de todo el mundo no se chupan el dedo. Saben, vía cibernética, el desmedido riesgo que es invertir en Cuba; que la Isla padece la peor crisis económico-financiera en muchas décadas, 30 años, y está convulsionada por la mayor tensión sociopolítica y la más brutal represión contra la ciudadanía desde la guerra civil de los años 60.

Además, el foro irónicamente tendrá lugar en una nación cuya Carta Magna prohíbe que los ciudadanos nacionales residentes en la Isla acumulen capital, lo inviertan y crezcan. Al prohibir a los cubanos crear riquezas la revolución «tan cubana como las palmas», como la calificaba Fidel Castro (y me acuerdo bien de eso), es lo más anticubano habido nunca en la historia de la República.

Hasta Lenin advirtió que con la apertura al capital nacional privado era que se pondría fin a la hambruna que diezmaba al pueblo ruso y la pobreza extrema. Y en 1921 lanzó la Nueva Política Económica (NEP), que autorizó la producción libre de los campesinos y el surgimiento de empresas privadas en todas las ramas industriales del país, incluyendo la siderurgia y la energética. Se acabó el hambre y el país avanzó industrialmente. Pero Stalin en 1928 lanzó una especie de Ofensiva Revolucionaria. Puso fin a la NEP y en los siguientes nueve años murieron de hambre 12 millones de personas.

Hoy en Cuba se limita al débil sector privado a prestar servicios primarios ya existentes antes de que Cervantes escribiese El Quijote. A los emprendedores se les prohíbe participar en la producción industrial, que es monopolio exclusivo del Estado. Algunos cuentapropistas producen artesanalmente zapatos u otros bienes, pero siempre en muy pequeña escala. En su abrumadora mayoría se dedican a prestar servicios con poco valor agregado, que aportan muy poco al Producto Interno Bruto (PIB).

Y quien tiene mucho éxito como emprendedor privado va a la cárcel, por «enriquecimiento ilícito». Hoy están en prisión, o ya cumplieron su condena, entre otros, los mayores productores de carne de res y de cerdo, embutidos, y queso, de las provincias de Las Tunas, Holguín, Cienfuegos y Artemisa.

Es un crimen de lesa humanidad que la dictadura suplique la inversión extranjera para beneficiar a una mafia ya millonaria, al tiempo que impide que los propios cubanos creen riquezas.

La dictadura ha venido invirtiendo para beneficio del capital extranjero más de 300 millones de dólares anuales en infraestructura y equipos en la Zona de Desarrollo del Mariel. Pero no ha invertido casi nada en el resto del país en infraestructura y equipamiento, que dan pena, ya en puras ruinas. El dinero se dedica básicamente a construir hoteles para los militares que controlan el turismo.

El capital no tiene ideología, exige condiciones que Cuba no tiene

Pero lo que más garantiza el fracaso del foro mencionado es que el capital es apolítico. No tiene ideología. Va a donde se cumplen al menos tres condiciones:  1) garantías legales a la propiedad y la operatividad de la compañía; 2) seguridad de que obtendrá un rápido retorno en ingresos que cubran el monto de la inversión realizada; y 3) la existencia de un mercado, interno o externo, que garanticen buenas ganancias. Y la dictadura castrista no ofrece ninguna de ellas.

Cuba no tiene un mercado interno propiamente. La moneda nacional se devalúa a diario, vapuleada por una inflación exasperante. A los consumidores no les alcanzan sus salarios para cubrir la canasta básica familiar. Y la masa de dólares en circulación no es suficiente como para constituirse en demanda efectiva de lo que pudiesen producir los empresarios extranjeros.

Pongamos un ejemplo hipotético. Si un capitalista argentino produjese naranjas en Cuba solo obtendría ganancias suficientes si las exporta, pero no lo podría hacer libremente por su cuenta, dado el monopolio estatal del comercio exterior, hoy a cargo de la mafia militar.

El inversionista foráneo tendría que firmar un contrato con alguna de las 37 empresas de GAESA designadas para realizar las exportaciones e importaciones del sector privado, y de hecho serían esas empresas las que decidirían a quién exportar y a qué precio. Luego le descontarían al incauto argentino no menos de un 20% de sus ingresos por los «servicios prestados». Y las ganancias y los ingresos restantes quedarían cautivos en las cuentas bancarias del inversor «por falta de liquidez». Es decir, hasta que el banco estatal tenga divisas disponibles, nunca se sabe cuándo.

Vender las naranjas al Estado no sería buena idea, pues no tiene divisas suficientes. Tampoco podría venderlas en el mercado doméstico, pues recibirá pesos cubanos que no valen nada y no se pueden convertir en dólares.

A esto agréguese que la dictadura periódicamente deja de pagar sus deudas y compromisos comerciales con los empresarios que radican en Cuba, también por «falta de liquidez». La Habana no paga al Club de París los plazos ya acordados de su deuda, ni a Rusia, ni a nadie. El país está quebrado financieramente.

Además, cualquier capitalista despistado asentado en Cuba tendría que explicar a su casa matriz y a los accionistas los absurdos de la burocracia castrista y la posibilidad de ir a la cárcel o que le empresa sea expropiada por el Estado. Y que no puede contratar a los trabajadores, sino aceptar los que envía el Gobierno para que, además de empleados, sean espías de la dictadura.

Por mucho que el régimen se esfuerce por mostrar las «ventajas» de invertir en Cuba, no lo va a lograr. Y luego del 15 de noviembre menos podrán dibujar un paraíso de estabilidad sociopolítica, y un paraíso de garantías al capital extranjero. El agudo olfato natural que tienen los inversores legítimos para no «irse con la de trapo» ya hace fracasar al foro por adelantado.

Para lo que sí será valioso será para mostrar que no solo será justo, sino patriótico, que el 15 de noviembre los cubanos exijan un cambio que incluya la restauración de todas las libertades ciudadanas, entre ellas la de un capitalismo de verdad, como en el resto del mundo, y no el que solo beneficia a la oligarquía en el poder.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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